31 de diciembre de 2017

Lo único que sé de ti
es que ya eres alguien para mi.
Jag.

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ORACIONES


Yo en realidad, tan sencillo que lo veo todo esto. Para mí es tan normal el vivir habituado a que lo normal es que ya casi nunca pasa nada, y vivir entregado, con el corazón con prisa para darse entre tanta gente que no me entiende. Recorrer las calles con el resuello en vilo, porque alguien está queriéndome para siempre en alguna parte ¿no? Yo lo pienso, mientras tuerzo y doblo una esquina lamentable y fuerzo un nuevo itinerario para no encontrarme de bruces con lo de siempre. Yo lo noto dentro de mí, tan vivo, en una parte en la que está dejando de preguntar la gente.
Y yo sé que uno no se muere de soñar ni de ganas de que por fin la alegría le haga un movimiento raro. Nadie se muere de estar escuchando siempre el mismo chiste. La vida se me pone más adulta cuando cuento mis cosquillas. Y algunas se ríen, y otras dicen claro es que contigo es muy difícil, porque te aburres pronto.
Pero en realidad yo lo veo tan sencillo. Yo lo sé, y lo llevo tiritando azul blanco en el centro de mi fuego.
Yo sé que sólo quiero respirar el aire cálido de dentro de nuestro abrazo.
Mi corazón cruza una calle cantando para sí, y estás de repente parada en mitad de alguna parte, y se abre una flor, y florece una herida y me silba la sangre, oye, cómo estás, yo lo quiero tan sencillo. Oye, pero quién eres, mira que no quiero tener que empezar a inventarme las cosas. Quedarme tan sólo expuesto a tu sonrisa de chicle de menta, que es como una frase que no he leído, escrita con la letra bonita. Y la verdad, qué más le voy a pedir a la vida con mis letras más sencillas.
Tan sólo hola quién eres cada día.
Hola, he venido a contarte entera y escucharte lo que quieras.
Hola, tan sencillo yo lo veo.
Vengo de cruzar media vida dolorida, saludando con educación a tanta gente sin fuerzas para creer en nada, que mi frase es hola a partir de ahora, mi trabajo, ponerme cerca de ti, a ver qué pasa con la vida al alcance de tu abrazo.
Hola qué haces,
hola quién eres me pregunto
desde que nací en adelante,
no te vayas no te asustes,
que he venido a inventarme
más de lo bueno
que tenga para ti.
He venido
a contarte sin prisa
quién voy a ir siendo contigo,
si tú quieres. He venido
haciendo las paces
con las tormentas
con los ríos desbordados.
Estoy aquí mordiéndome las ganas de que tú y yo podamos estar las horas muertas de la mano, mirando alguna cosa intrascendente, enhebrando oraciones sencillas,
qué quieres, cada día,
qué haces, ahora mismo,
vayamos un poco más allá,
el día menos pensado, ya
le he echado la sal a la verdura
hace un momento,
está tan bonita la mañana,
dame otro beso,
que tú me mires
es lo más emocionante.
Jag.

31_12_17


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ES COMO UNA LLAVE PARA MÍ


En un repente por la mañana, me ha parecido que las cosas limpias nacen en el fango.
He forzado mi camino malapata para pasar otra vez por tu calle. Y tan sólo con decidirlo he empezado a pensar que estoy más gordo, que la mochila está sucia y que me tenía que centrar el gorro de lana. El corazón se me volvía niño, cabrito, potro.
Cuando pasaba por tu puerta, tu sonrisa me apretó el paso, y me ahogaba de una tonta pequeña alegría mirando a la acera.
Una mujer te estaba diciendo, pues córtate el pelo por el año nuevo, cambia.
Y yo me tragaba las piedras de repente, yo sobrevolaba zarzales comiéndome los fuegos. Era como querer de pronto hacerme amigo de los mares, yo no me lo explico.
Algo bondadoso e indescriptible ocurre cada vez que tu idea roza mi mundo.
Algo que me salva y me acaricia por dentro, ocurre cuando en dos semanas te veo un segundo.
Y sigo débil y venenoso como un cable pelado al viento, pero en un repente esta mañana, en un repente cada vez que te pienso, yo me planteo que no sé qué hacer o qué decir, y me pongo a aventurar qué energúmeno o milagro o cataclismo va a acabar poniéndonos en un mismo lado.
Después he seguido un rato temblando por el campo. Y algo que no voy a saber explicar está a punto de romper a llorar de alegría en mitad de mi barrizal.
Jag.

29_12_17


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28 de diciembre de 2017

ALANDA

Antes, yo no sé cuándo de lejos, no sé cuánto de profundo, de extenso y calmado, de consciente, de tan volado, desesperado, antes, digo, no sé cuándo ni cuánto porque no sé, porque no puedo o porque no me acuerdo, porque no tengo tiempo, o porque ya lo tengo, ese tiempo, y no quiero re-tenerlo, porque ya lo tengo vivido, y cuando ya lo ves vivido, lo vivido es pasado, y si le echas demasiada cuenta, pues pierdes no sólo el aliento ensoñado de lo por-venir, sino que también pierdes del momento el bocado que se te da para vivir, que es uno, y que ya está aquí, surgiendo y pasando en una constante vertiginosa carrera despacito sin pausa ni marcha atrás corriendo andando. En fin, venir a decir que en ese antes en el que no profundizaré, ese antes en el que no me he de extender, ese antes de ahora mismo, yo tenía de mí una percepción/consideración más luminosa de quién era (y quién iba siendo hasta ahora), de qué hacía (y de qué iba haciendo hasta lo que hago ahora), también de quién hago y de qué soy (de quién hacía y de qué era desde entonces hasta hoy). Bueno, seguramente haber leído a narradores inconformistas y maltratados, y a jodidos poetas atravesados con las normas del mundo, no me está sirviendo para excusar que no me estoy explicando, aunque desde cierta óptica, en realidad eso, en el poema inofensivo de un cabreado de pueblo, qué más da, ni a quién le viene o le importa lo más mínimo. Lo que sí digo, pues para eso es un poema de mí, es que antes yo era o me veía o me sentía, incluso me movía más luminoso y constructivo para mí y para la gente, recuerda que ya lo he dicho antes, temo que te hayas perdido, o puede que mi escrito o yo o ambos dos te parezcamos demasiado exigentes o desordenados, pero por favor entiéndeme, entiéndenos, o haz un pequeño esfuerzo por entendernos, ya que te has parado a intentar leernos: yo me atraganto y me ahogo con lo que me viene o con lo que ya tenía, y ya puedes ponerle a eso la música y el adorno que quieras, las cosas, desengañémonos, no se dicen como son, sino atravesando el cómo somos y el cómo nos sentimos, y de igual manera, ni tú ni yo entendemos lo que nos cuentan por lo que nos cuentan en sí, sino atravesando el cómo somos y el cómo nos sentimos en el momento de los cuentos y de las cuentas, así que yo qué sé. Relax, me parece. Ya te digo que la gente jodida a la que busco para leer, no escribieron sus cosas para ayudar a explicarme ahora. Igual que les puse comillas para intentar entenderles o sufrirlos o disfrutarlos a mi pobre limitada manera, ahora yo te pido que me entrecomilles y me des margen cuando te digo que no me explico cómo era antes y cómo yo me atraganto y me ahogo por darme cuenta de ese cambio sobrevenido atravesando amores que ni de coña y maravillas que sólo se pusieron al alcance de mi nariz y de mis oídos a la distancia justa de que me llegase el aroma, el susurro lacerante de que la belleza no era para mí. Sí, por favor, entiéndeme, entrecomilla mi escrito que se atraganta y me ahoga, entiéndeme que no es sentado en un sillón de columnista opinador aclamado esperado bienpagado que te escribo estas cosas. Por favor, entiéndeme y entrecomíllame en rabia, deseo frustrado y estupefacción por no encontrarle asas a ese antes mío que yo te cuento desde mi presente cenagoso colapsado, ese antes que ahora no podría haber imaginado tan brilloso y limpio, incluso tan dócil y sereno con todo lo que vendría a sucederle después a ese antes, con todo lo que iría a acontecerme después a mí, que no es lo mismo, ese antes que fue, por lo visto, incapaz de imaginar ni por una vera, un pequeño después tan desalentado como el que se me hace grande ahora. No creo que haga falta jurarte que yo me atraganto y me ahogo con lo que me viene ahora, embarrado con lo que desde entonces era o tenía. Y al mismo tiempo me atraganto y me ahogo escribiendo este texto que se atraganta y se ahoga él mismo. Y así es como avanzo hacia lo que no sé desde lo que nunca he entendido. Perdóname por tanto que te escribo que no sé manejar ni me cabe en las manos. Perdóname si con el tiempo, con las palabras o los actos te me estoy revelando como un simple deficiente emocional, mermado constante por un eterno catarro sentimental que nunca se va, porque se cura resfriado cuando es alergia por este mundo hostil que confunde amar con ejercitar el poder, y en eso funda su normalidad, perdóname si me revelo enfermo sin cura del vivir por el sol pero malviviendo asolado, perdóname si me revelo ese que soy o ese que hago y que te arranca la risa nerviosa. Perdóname y te digo una vez más que no puedo explicarme. Podrías hacer un mínimo esfuerzo por entenderme o al menos situarme. Perdóname y gracias. Puedes también soltar esto por tu tranquilidad o tu equilibrio emocional, o por tu simple comprensible pereza. En ese caso, perdóname y gracias y adiós, pues muchas y muchos me han acabado enseñando la grupa cuando no les doy algo que coree su apreciación propia de la paz, de la concordia, del placer intelectual o sensitivo. Perdóname y gracias y adiós simplemente si este es el caso. Adiós queridos amores inconsistentes. Adiós amistad de la comodidad y de la frágil paciencia. Siento no haber colmado el cuenco de vuestra expectativa. Y también puede ser el caso de que me des la espalda y te marches riendo, yendo después a los sitios cabalgando alegremente burla, desprecio y ninguneo. En este caso específico, perdóname y gracias y adiós y suelta ahora mismo este texto y suelta todos tus lazos de mí. Ríete y putéame y ningunéame en todo tu gozo y libertad. Gracias, perdóname por no estar hecho de vuestra misma leche. Es bueno, en este caso, que sigamos cada cual nuestro camino. Es bueno que nos mantengamos lejos y ocupados cada cual en sus hechos insoslayables. Es bueno que cada quién haga su casa en su propia comunidad mental, en su propia afinidad emocional y que cada cual viva en buena conexión con su vecindario. Y que cada quién y cada cual tengan el consejo, el favor y la ayuda para quien exactamente los necesita en su grado y en su momento. Yo me volveré a ir solo de viaje, y si os reís de mi asfixia, de mi fracaso, recapitulo: perdonadme y gracias y adiós y que os jodan. Me reservo para otra ocasión el verter fantasía sobre la frustración de haber desperdiciado tanto en la ilusión de que íbamos a entendernos. Me volveré a ir, y por el camino voy a ir dejando caer las sucias gotas de esta agonía de habituarme a aceptar naufragios cuando emprendí descubrimientos, mordidas de los labios por dentro cuando armaba besos, encogimientos de hombros de los corazones cuando ofrecía la única flor que yo tenía, miradas miopes de condescendencia cuando me esforzaba por iluminarlo todo con mi intento. Adiós. Es muy cansado ir eternamente solo hacia el adiós definitivo.

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En todo rapto de furia hay un momento imperceptible en el que el espíritu cae como un despojo al suelo, exangüe, sin fuerzas, en el que tiene que aprovechar para respirar, escupir la sangre y acomodarse para un nuevo salto rabioso, perdido, patético, vergonzoso y derrotado, como en todos esos momentos en que al tiempo te sientes hundido por mísero y legitimado por comprenderte ineludiblemente falible y pobre y humano. En ese momento de indefensión máxima, sólo la rabia habla claro.

Todo este despropósito que pretendí poema, es para reconocerme hoy como ese que antes no veía y que hoy intento dibujar en este escrito de mí, ese que antes yo era, o me veía o me sentía, ese que se movía más luminoso y constructivo, te repito con dolor y celo, para que no te vayas y acabes olvidándome para siempre y me entiendas caprichoso imbécil alelado sin sustancia, ese que era yo antes, ese que era tan así de aquella manera como para creer que lo que soy (lo que iba siendo hasta ahora), que lo que hago (lo que iba haciendo hasta lo que hago ahora), estaban ayudando a construir como mínimo una fe en que puedo construir algo útil para mí y para los demás.

Una fe que servía para seguir por el mundo los pasos que me conducirían con honestidad a lo digno. Algo que iba a ayudar a las personas. Algo mínimo como una cerillita que yo traía encendida con el corazón en la mano, con toda prisa, porque en mí iluminaba poco, y no servía si sólo iluminaba para mí, una cerillita que traía a toda prisa, que se estaba apagando mi tiempo, y me quemaba la punta de los dedos.

Antes, no sé cuándo de lejos, no sé cuánto de profundo, de extenso y calmado, de iluso, de consciente, de tan volado, desesperado, antes, digo, yo estaba lleno de colores y de esperanzas. Creía sin sombra ni duda en la luz que yo tenía en mí, en la fuerza de mi corazón. Tanto, que mis destellos, más allá de lo que yo creía, eran iluminaciones, tanto, que mis alientos, más allá de lo que yo creía, eran vendavales, y tenía suficiente para mí y para multiplicar y repartir para todas y para todos.

Eso era antes. Eso pasaba y construía antes. ¿Te acuerdas? Yo no quiero saber cuándo empecé a terminar con esas cosas, y no quiero echarle culpas a unas fechas, a unos hechos, a unas gentes más ni menos que a otras.

Tampoco recuperaré mi fe, mi generosa gallardía, encontrando hombros sobre los que cargar las culpas.

Tan sólo decir que ahora esa fe por que mis cosas sirven para algo, esa fe por construir desde mí para que creciera humildemente todo, decir que todas esas cosas y esa fe ahora sólo encuentran lugar para ser y para vivir, en los escritos. En los escritos de antes, porque había una ansiedad de hacer algún bien, y una urgencia por transmitirlos y celebrarlos. En los escritos de ahora, tan sólo porque no me queda otra.

Así, ahora, tan solo en el lamento por mi fe perdida, un escrito inofensivo y con los ojos abiertos como éste. Una cerillita inútil y casi imperceptible, una llama vulnerable, asombrada y descreída contra la realidad fría y oscura del mundo en el que somos y estamos, como sea, mi escrito, tú y yo. Un poema hecho de mentiras, que aventuren, en lo posible sin dolores, cómo debería ser la verdad.


Jag.
26_12_17


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Amar a alguien


siempre acaba
transformándose
en otra cosa. Aunque
amar a alguien 
sólo es amar
a ese alguien.
Jag.
27_12_17


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MEDIDA


por cuánto pesa un papel
después de haber escrito en él
un poema que dice
que tus ojos
no se encuentran con los míos.
Jag.

26_12_17


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Menos vino,
menos palabras.
Jag.
23_12_17


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Todo sirve para algo.


Aunque
dónde estarás. Un beso
perdido,
fatalmente
desperdiciado.
Jag.
23_12_17


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A veces, tardan

A veces,
tardan los materiales
y llegan demasiado tarde.
A veces
llegan antes
de que tengamos los planos.

Este texto se escribió como presentación en FB de otra entrada del blog: "COVER (en construcción)". 

11 de diciembre de 2017

LAS NUBES CUERPO A TIERRA


Llueve, y no me sirven
colores de pintores enamorados,
por mucho que me ponga.
A veces,
para lo que quede de vida,
sobrevolando el verdor,
sólo tengo el olor
de tu chicle de menta.
Con eso hago
por mantenerme encendido,
al menos lo que queda
de semana, hasta que
en mi corazón escampe.
Jag.

11_12_17


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LLUEVE

Llueve sobre
mi dia nublado.
Menos mal
que Hockney pinta
como si siempre
estuviera enamorado.

Jag.
11_12_17


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10 de diciembre de 2017

TEMBLOR



La verdad, no sé hasta qué punto tendrás todas las ganas de vivir de tu parte.

No se me ocurre pedirte nada. Me pongo delante tuya y sólo me sale la audacia desmesura suicida de sentarme y quedarme quieto lo más cerca posible de tu casa, y comerme un yogur en el parque, o leer un libro o manosear el tiempo acariciándote de algún modo inútilmente en estas notas, esperando que tu ventana dé a mi alma, sabiendo con algún tipo de sabiduría imbécil que un día cualquiera tu corazón va a acabar volando hacia mí, después de tender una lavadora blanca.

Y vas a acabar preguntando temblorosa pero qué estás haciendo aquí maíz del cielo, hombre del demonio, que quién te habrá pedido juegos espectáculos como si no te importaran mis vecinos.

Y temblarás porque sabes que esas cosas que te pondrían de repente a preguntarme, en realidad no tienen demasiada vuelta. En realidad tú sabes que todo eso que nos pone tan cerca de la locura o de la maravilla, no exige ninguna ciencia de nadie, porque está hecho de todo lo sencillo que se entiende en todas las partes y en todos los corazones. Y cualquiera puede hacerlo con cualquier lápiz pequeño en una esquina de cualquier papel que encuentras por la casa.

Temblarás porque un desconocido feo y torpe se come un yogur mientras te espera, o derrama poemas ingenuos haciendo tiempo mientras te espera, mientras piensa tu nombre a los cuatro vientos.

Temblarás porque la pregunta la escribes en un papel traslúcido, que pones sobre la respuesta.

Temblarás porque sabes que todo eso está hecho de nuestra sangre y de nuestras cosquillas.

Temblarás porque todo eso está hecho del miedo más profundo por la más grande alegría.

Temblarás porque en un momento se hace eterno lo que tantas y tantas veces a ti y a mí se nos ha acabado, o se nos ha muerto, o se nos ha hecho mentira.

Temblarás si te acercas, como tiemblo yo al saber que el sentido de todo es correr y salir a buscar para darte todo lo que no tengo.

Temblarás, yo lo sé, y nadie tendrá la culpa de que cuando me miras yo me sienta como cuando llegaba a casa después de que, a la salida del colegio, me esperaran tantos para burlarse y hacerme morder el polvo.

Nadie tendrá la culpa de que yo te mire y sepa, sin conocerte, que el dolor sigue, que no se me repara el orgullo ni se me cansa el cansancio.

Pero te miro, y sé que ya he llegado.

Jag.
10_12_17


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8 de diciembre de 2017

ÁNGELES

Ella me habló de su primer ángel.

De cuando siempre quiso dedicarse a la música.

Me preguntó qué haces por aquí. Y yo no supe o no le dije o no me acuerdo, pero lo entendió perfectamente.

Ella me dijo que volvió por su segundo ángel. Me dijo tú lo conoces, es de nuestros tiempos malotes.

Me dijo que tenía que estar tranquilo.

Me dijo en su idioma que todo va al tran tran.

Y yo estuve de acuerdo, aunque la vida me está comiendo los nervios, le dije.

Yo venía cargado con bolsas de fruta y el corazón rebosando.

Ella me dijo que las cosas pasan porque las cosas te necesitan. Es verdad.

Yo le dije que su tercer ángel es un buen tío. Y su especie de tristeza resignada dibujó una caricia en los labios.

Dijo que las cosas son sabias. Y que también son comprensivas, con el tiempo te van dejando saber para qué sirvió lo ocurrido.

Sí. A veces la vida se raja por donde tiene que salir el aire. O por donde te tiene que entrar la luz.

Ella me dijo que estamos en lugares y personas inesperados porque formamos parte de cosas que tienen que pasar.

(Al mismo tiempo, yo estaba jugando con su cuarto ángel. Me preguntaba un número del uno al diez, si hombre si mujer, si hermano, amigo, novia o enemigo. Y algo gané).

Le dije a ella que a veces estás en los sitios para que pase algo que no te va a pasar a ti.

Ella me dio la razón. Nos despedimos.

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Me fui lleno de amor hacia casa. Porque de pronto parece que han venido a hablarme cinco ángeles, y porque estoy aquí, en esta época desquiciada e inexplicable, y te pienso todo el día.

Yo no sé casi nunca qué estoy haciendo, y tengo completamente desorientado el sentido de dónde debo poner mi interés. A veces pienso que ya se me han ido la posibilidad de la brillantez y las fuerzas. Para seguir, para permanecer y para renovarme.

Pero pienso que te amo, porque te miro y hay algo maravilloso que está como respirando y oculto en mitad de lo oscuro. Y a pesar de sentirme vacío y perdido, yo te lo quiero dar todo. Y no tengo momento para pensar en que reciba algo de ti. Como que no me hace falta. Aunque luego vaya siempre especulando con cómo será que tú quieras hacer por verme y por hablarme (fantaseo con que estoy sentado en algún lugar, y tú me pides un auricular para escuchar juntos una misma canción).

Y todo es un contrasentido. Siempre me pongo a pensar que porque tú y yo somos tan diferentes, podemos tener alguna posibilidad para la armonía.

Yo no sé a qué parajes me conduce todo esto. Pero después de hablar con ella, de pronto me descubro sereno y entregado.

Porque estoy aquí, y cuando te veo, yo te doy mi sonrisa. Y todo está bien.

Jag.
8_12_17


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Me dijiste el lunes:


¿Llevas la manzana?

Y mi vida era una sonrisa.
Jag.

8_12_17


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Amar


no es normal.
Jag.

7_12_17


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5 de diciembre de 2017

PEQUEÑA NOTICIA

Ocurre que llevo unos días pensando
que hay cansancios que descansando
no se quitan.

Ocurre que al mismo tiempo,
yo me acuerdo
de una parte mínima tuya,
e inexplicablemente de pronto uno
vuelve a ponerse en marcha.

Yo en estas cosas creo que soy diesel,
no soy especialmente rápido, y confieso
que soy duro por las mañanas,
todo me pesa y me cruje, pero,
una vez que he calentado,
ya me vengan kilómetros
acelerones frenazos volantazos
de tus llanuras y colinas.

Yo qué quieres que te diga,
es sentarme delante de un papel, olvidarme de tanto que me aprisiona a mí, y que supongo que también a ti, y tener de pronto toda la inspiración puesta en ir a verte y pedirte un beso de tu boca.

Todo
se me hace suspirable de repente,
todo tiene en este instante de luz
su potencialidad para la maravilla.

Y yo no tengo remedio,
mi castillo se desmorona de vergüenza
porque a veces siento
que tan sólo
he puesto números y quejas
en la jodida edad adulta.

Esto no puede comprenderse con facilidad, esto
no es para nada admisible,
y yo me digo, gravado sin remedio
por una honestidad que me arrastra
hasta el fondo,

tú qué vas a decirle

tú qué vas a aportarle
que no sea ropa heredada y malaúva,
que no sean discos que no conoce,
libros que no le importan y que
tú mismo tienes desperdigados, eh?

¿EH?

Y aunque parece que nunca acabo
de descargarme del todo del desaliento, a pesar
de tanto que me canso de mí mismo,
la noticia que hoy tengo para ti
es que me descubro intacta
la persistente inmadurez que me empuja
a andar agarrándome
a tu cara preciosa
para
continuar
adelante
con la ancestral conspiración de los trovadores.

-¿Y no te da vergüenza?- me preguntarás.

Y pensaré que esa no es buena pregunta ni para empezar algo ni para darlo por terminado.

Pero no repondré nada, seguiré manteniendo cara de medio siglo de tontura. No diré nada, porque ya me has pillado en el aire, ay, cierva del trópico. No diré esta boca es tuya, porque nada de eso se entendería en ningún tratado de vuelo sin motor.

La noticia es que tienes un papel
en el torpe y niño lanzarme una vez más,
armado hasta los dientes
con las mejores ropas
de mi vulnerabilidad,
completamente desasistido, para
ponerme delante del mostrador y decirte que

-Hola,
soy tu cliente que no tiene la razón, hola,
mira, que me ha pasado que de repente
pienso que no veas tú qué raro es todo esto,
que creo que se me ha ocurrido para ti lo más bonito,
o algo así, lo siento, normalmente
cuando estoy solo tengo mejor expresión oral,
y ya hago bastante conteniendo gestos
que no vayan a parecerte bruscos, por Dios,
no me pongas esa cara, que yo también me he asustado,
me ha dolido y me ha ahogado, toda
una sorpresa, ya ves,
como otras veces
me ha desvelado, me ha intranquilizado,
y me ha hecho más guapo y más luminoso,
tan sólo por pensar un momento que algún día
tenía que ponerme a decir que pienso en ti
delante tuya mirándote a los ojos.

Yo no sé cómo llamarlo, no creas,
ya sabes, estas cosas son como siempre,
y como otras veces,
siempre son distintas

Yo, como casi siempre,
no me atrevo a ponerle un nombre, para qué
dejar esto aprisionado
en que es deseo, en
que es supervivencia, o atracción
o tan sólo un torpe arrebato de gimnasia
de mi pobre corazón, yo qué sé.

Sólo sé que me ha ocurrido contigo,
o por ti, o para ti, o hacia ti, y qué importa
la preposición a las cosas importantes, y de pronto,
sin violincitos ni mandolinas, se me impone
que a esto habrá que hacerle algo, no lo sé,
ir a lo tuyo a decirte que es cierto
que no tengo nada, pero
que vayas haciendo sitio,
porque todo es para ti.

Que no soy nadie, pero todo esto
y lo que me escuches en adelante,
te lo digo yo.

Y si te lo digo yo, puede
que te suene raro,
delirante o desquiciado, puede
que oído de mi boca
te venga grande asfixiante
o chico irrisorio,
o pronto inoportuno
o tarde lastimoso
o nunca descarnado a secas,
pero si te lo digo yo,
bueno sí es.

Y por decirte algo bueno,
pues ya soy alguien.

Jag.
5_12_17


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4 de diciembre de 2017

LUNES


Ella vive en una casa
en la que
le faltan piezas.
Yo no hago
más que pensar
en qué debo añadir
para que le valiera
mi sonrisa.
Jag.

4_12_17


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HABÍA



En su momento
sentí que
esa mujer nunca
iba a quererme,
y me dije tengo 
que dejar el café.



Jag.
3_12_17


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Querida, para


que no te dejes llevar
por mi aparente
aire esquivo:
para la gente,
quiero ser libre como un pájaro,
para ti,
soy libre como un taxi.
Jag.

2_12_17

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Mi vida funciona



cuando mi sueño 
tiene suelo, cuando
se nota perfectamente que 
tu sonrisa, que se me escapa
y puede echarse a volar con cualquiera,
se pone a decirme:

Eres tú, 
es ahora, 
y voy a gastar 
mi poquito de libertad
en intentarlo contigo.

Jag.

1_12_17


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29 de noviembre de 2017

AUNQUE ALLÍ

Pequeño demonio, rosita
salvaje en mi pechera,
secreto dulce de la boca, grito
de mis entrañas: Ay.

Demasiado despierto
tengo mi ser durmiente,
para tu desgracia, jovencita porque.

¿Y si por mi vida
he de dejarlo tendido, ay
pequeño resuello broteverde
yerbita que me asombra?

¿Y si a pesar de quererte
tanto de esa manera que
a mí se me ocurre,
sin querer te rompo algo?

¿Eh?

Digo yo que mal dolor me diera
en tal supuesto del malevo destino,
mas ¿qué me dirás si agotamos recoveco,
mi llanito de sol de invierno,
claro de luna y manta,
domingo de tarde y pizza,
y se nos pasen las emociones,
y en un repente fatal
-sobre todo tú- descubres
que ni tú ni yo
a ti ni a mí podemos
hacernos del todo tal y como
deseásemos precisáramos
para mantener a la familia
a raya o al menos
el PH del entorno?

¿Eh?

Y aunque yo ahora mismo
me esté muriendo de vida
por el arrullo de tus aguas de ya sabes,
las de ahí lejos,
las de tus gestos perdidos
de por ahí abajo, las de
tus gustos automáticos, desvelos imprudentes,
aunque me brindes calor de las montañas,
brillos de tus perlas, sabores
preciosos de tu sima y toda esa
imaginería imbécil
que todas y todos
tenemos disponible
en la emergente
poesía insufrible
libre de cloro 100 %,
aunque me hagas y me des
todo lo que te salga de la lozanía,
aunque me hagas literalmente
renacer perdiéndome
en los inacabables porqués
de tu elementalmente preciosa hermosura,
sabe, ay, feliz demonio de mis entrañas, que
lejos de la alegría que
tan fácil me sale contigo, lejos
de tu secreta dentellada que
me incendia la vida, lejos
de tus ansias de cuento, de raíz, de viaje,
lejos de eso,
lejos, insisto, de eso que me eres
dolorosamente tan hermoso,
sabe que yo
no tengo por menos que decirte
que contadas tengo las tristezas, oye.

Piensa y siente, mi pequeño destello,
sueña y construye, mi hermoso chorrito,
y aguanta y desiste, mejor
de lo que yo lo hago, te recomiendo.

No empieces otra vez, espera,
a intentar argumentar la
nobleza y dignidad de los sentimientos,
que eso es sacar discurso
de una pareja de potrillos
hiperventilando, respira
y escucha a la sagacidad
de tu ternura de hierro que yo amo.

Sabe que yo no podré
sostener el dolor
de todo lo que ha de gustarte
antes de que me encuentres.

Tú date cuenta.

Deja las lágrimas
para los amaneceres de invierno
camino de un trabajo de mierda,
que te llegarán.

Deja las maldiciones
para la gravedad de la dicha, para
la sumisión de las carnes, y no
te adelanto más acontecimientos.

Mi lindo fuego de altiplanicie, yo te pido
que nos amemos como puedas,
sin dejar de vigilar
que la vida preciosos páramos tiene.

Y alimentos,
y vergüenzas deseadas,
y extravíos excitantes, refugios
para tu boca para tu alma,
para tu cuerpo hermoso,
contorneado y hecho
en otras manos.

Lejos de este océano estancado.

Jag.
29_11_17


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28 de noviembre de 2017

MEDIANAMENTE LLAMA

Ya sé que va a resultarte extraño que abra un poema de amor con una niña sangrando monstruosamente.

Pero ni yo tengo la culpa del gusto pedestre de tu alma, ni la tienes tú del andar caprino que trae música verdadera a la mía. Porque

es ella misma, mi hermoso demonio
con el pelo entretejido de broza, la que
me pincha el culo (gozosamente)
cuando dormimos escondidos en la vereda.

Y para eso no tengo explicación,
y no quiero escribirle
un poema de amor por sorpresa,
y que está sangrando monstruosamente
ya lo dije yo porque
ya lo dijo ella. Y, porque no lo veo justo,
tampoco
le voy a contar películas impactantes
de un hombre sospechosamente
parecido a mi, que emprende un viaje,
y la mete a ella en su paisaje,
cargando con su pasado
que regresa, pues
uno cree que ya pasa
y todavía pesa, y ofrecerle
su hombro, su crisis de vida
con todas las letras,
y de su destello, el gozo,
de un discutible resurgir, resuello,
de su simple lucha, ardor,
y amor, remotamente fiable,
tras la caída.

No, eso no le puedo, no.

No le puedo construir lealtad
en el anhelo simple de pertenecer
a alguna parte suya, yo
no le puedo ser un hombre solo
en el deseo y en la pregunta. No.

Responsabilidad, señores,
que estoy hablando
del hambre de una mujer,
de que no es aconsejable
que le falte respirar ni cauce
para su completa sonrisa, y por eso,
antes de empezar,
llevamos por la mitad
la película.

Esa niña está ahora mismo
en su pleno derecho
de mandar todo al carajo.

Apasionadas canciones roncas ya va teniendo.

Esa niña está ahora mismo
en su pleno derecho
a poner tanta fe en el amor
sin darse cuenta.

Yo no la pierdo de vista,
porque está goteando de vida,
y le reza sin pudor
a dioses que no existen.

Y yo me canso de la tercera persona,
y me digo, estando solo
y con todo perdido en esta noche negra
de qué tengo que esconderme.

Y si ella tanto me emociona,
yo la quiero sacar al aire, hacerle
público notorio ostensible el deseo
de su mano de pluma,
dentellada persistente.

Y si ella tanto me dice por dentro,
yo la quiero sacar al aire
y que se nos muera el protocolo
de rozarnos apenas con los dedos
y sobrevivir con el recuerdo la semana.

Yo me estoy poniendo muy simple con el tiempo.

Ella sale de la tierra y los ecosistemas la siguen sin pensarlo, caminando tan siempre, con raíces que se le lanzan al suelo, desde la planta de los pies.

Y a mí se me acaban los poemas, las conjeturas, los refugios, naufragios, defensas, épicas, eufemismos y trascendencias. Yo sospecho sencillamente, que si ella no anda cerca, a mí me parece que casi nada de esto va a acabar siendo llevadero. Es que me estoy poniendo muy simple con el tiempo. Yo creo que todo podría ser tan banal y llano como rozarnos y aguantar un poco. A ver si nos va a gustar estar de la mano. A ver. Mirarnos de frente y ver cómo nuestras extrañezas se ponen a convivir y calcular cuánta materia buena podemos inventarnos para rellenar los resquicios que dejen nuestros malos encajes.

Dicho esto, añadir que a la mierda mi desaliento y mi cansancio.

Yo la quiero sacar al aire y decirle
oye, que te quiero al sol,
oye, que te quiero
de esa manera que se me aparece, oye
vente conmigo, manifiestamente al aire,
y a ver si puede ser
que todo nos duela de amor.

Jag.
28_11_17


.

BULO




¿Nadie es perfecto?

Mentira.

Nadie es nadie,
y sólo Perfecto es perfecto
aunque caiga fatal 
a la gente normal.



Jag.
28_11_17


.


27 de noviembre de 2017

ESTÁS OCUPÁNDOME POR DENTRO

La noche se volvió más negra porque pensé que no venías.

Sentí que no volvería a verte. Y me dolió como si la vida me hubiera dado un portazo en la cara.

Sí, ya tú lo sabes, al principio parece que no puedo evitar ser así de tonto. Colgar la percepción de mi destino de una señal inconsistente y arbitraria. Y dejarme caer resignadamente en la fatalidad. Yo sé que esta actitud nunca me ha servido para ganar en algo. Yo lo sé. Ese vivir pendiente de algo que está fuera de mí, y saberme como material de construcción de algo suyo. No puedo evitarlo.

Soy ese hombre que se desmorona delante tuya, cuando no me miras. Y cuando me miras, peor. Tú tienes como esa electricidad sencilla en los ojos. Ese poder. Una perspicacia muda de saberlo a ciencia cierta y que no te tiemble la voz ni el pulso cuando entras con la taza de café sucia y me preguntas qué, si ya lo sé, y yo te digo sí, que ya ves, y tú te preguntas en voz alta desde cuando, y me miras al mismo tiempo con una intensidad en la cordialidad, y yo te digo casi nada y luego me dices ten, y yo, claro, y tú, bueno, ya sabes.

Entre el asco, la desgana, el sinsentido y el miedo, algunas veces pienso en cómo me atrevo a ponerme enfrente tuya, sabiendo que no siento que tenga nada para darte. Pero será que no estoy tan podrido. O que he escuchado alguna canción preciosa por la mañana, que me acaba iluminando, o inspirando, o euforizando. O que quiero seguir engañado un rato más. Yo no sé. Será que finalmente no ha podido del todo conmigo este mundo hecho a martillazos. Pero acabo teniendo como la vocación de imaginarte a mi lado. Aunque sea sin mirarnos ni tocarnos siquiera, en alguna situación casual, ambigua y despreocupada. Como que estamos mirando ambos hacia un mismo lugar, o que ambos notamos cómo en un instante la tarde se nubla y se sumerge en sombra, y a los dos se nos levanta el frío. Notar tan sólo que estás cerca. Aunque no me roces. Sólo como compartiendo algo sin querer. A lo mejor sólo una temperatura que nos destempla. O un sonido que oscuramente lo envuelve todo y nos arropa. Sentir tan sólo que estás cerca mientras algo desconocido nos sobreviene. Y tener frío los dos al mismo tiempo. O sentir estupor o sorpresa los dos. Sentir qué oscuro se está poniendo de pronto todo esto, y saber que hay una lucecita ahí al lado. Sentirnos ahí, sin haberlo planeado, sin molestarnos. Sin ilusionarnos. Sin hacer listas de deseos ni letanías de necesidades. Ahí al lado, sin más, como una planta ajena a otra en un mismo campo, bailando en solitario la misma fotosíntesis, aportando por separado su cuota al fondo común del aire respirable. Tú en tus cosas y yo, maravillado por la suerte, haciendo y deshaciendo nudos en las entrañas, sin saber ayudar al precipitarnos en algo animal y alimenticio que nos mantenga conjugados.

Yo no sé hacerlo. Bastante tengo con responder sonriendo a alguna sonrisa tuya, sin dejar de salir cataratas de lo que sin querer me provocas, tan inexplicablemente. No sé hacerlo. Algo tendrá que tener la culpa de todo este nerviosismo. No sé sí será por algo que promete, aunque yo no me confío. No sé si será por algo que ya se está haciendo delante de mí, tan maltratado por la fe. Yo sólo sé morirme poco a poco de excitación delante tuya, esforzándome por que no lo notes, y romper esa especie de guión de diosas propiciatorias del crecimiento, la regeneración y la debacle. Morirme y morderme la lengua y no lanzarme niñamente a tomarte la mano y pedir mecerme un poco en el calor de tu cuello. Morirme delante tuya y quedarme razonablemente educado e inalterable delante de todo el mundo, como cuando encuentras una moneda buena medio enterrada y sucia en la calle, y en un suspiro cierras el puño y aprietas el paso sin mirarla, hasta refugiarte en un portal o esconderte pegado a una pared en sombras, con el corazón asomado a la boca.

Y tan cómodo que estaba yo en mi pobreza, en mi cobardía.

Tú tienes la culpa de todo esto, por tu olor que me invade. Porque sin querer me marcas, me invades de alegría. Porque descubro que en conversaciones falaces, yo estoy deseando decir en voz alta tu nombre, como sacando una bandera de la verdad. Decir tu nombre, no el de otra mujer que se llama como tú. Sólo tu nombre.

Y no tener palabras para protegerme de eso. Y saber por esa ciencia incierta que despereza mi alma, que mi cuerpo tiene por sí solo una sacudida siniestra e inocente, y se pone a levantar como una casa de sonido cálido que nos envuelve, como una oración en la que tú y yo podríamos refugiarnos de la vida fría.

Yo sé que es imprudente confiarme a un olor que me invade, a algo en lo que nadie puede ayudarme, pero yo sé que nos compartimos.

Y sé que es caprichoso y estúpido echarte la culpa de que tú me sonrías y a mí se me haga por dentro como un rumor de alas efervescentes, y aire fresco, y nubes que se desdibujan. Y culparte por el verano y por el invierno, que se suceden sin ganas y sin tiento, culparte de la intensidad que se te sale del cuerpo sin saber. Culpa de las verduras de cercanía y la fruta de temporada. Culpa de cosas bonitas e inexplicables, abriéndome puertas de par en par por dentro.

Tan sin querer, tú me invades, y me estás llenando de ti sin permiso por dentro.

Me dejas perdido de luces y de aires frescos, y ahora qué hago yo con todo esto.

Todo eso se me resuelve en una especie de incómoda beatitud cuando me quedo solo. Se me va aposentando en toda su densidad y pesadez. En mi boca callada empujas desde dentro un por qué no vamos a mirarnos de pronto un día más pausadamente, con esa traicionera seguridad de saber que los líquidos que te corren por el alma van a empezar a latirte con más ganas cuando yo aparezco por la puerta, y van a pegar la nariz por dentro de tu piel, y van a tensarla hasta casi transparentarla, y se te van a adivinar desde fuera las ansias de brotarnos. Y que pase todo porque yo estoy por ahí, como un vegetal inocente en sus cosas, pero de algún modo fertilizado por tu cercanía, por tu temperatura o por tu ley, pero de todos modos tan sumergido de lleno en algo tan de culpa tuya y mía. Algo tan cargado de lo que quiera que eres. Algo tan insensato y maravilloso. Tan de dentro y tan de cerca.


Jag.
27_11_17


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LOS OLORES


Es mejor
cuando tú vas a ellos
que cuando ellos
vienen a ti.
Jag.
26_11_17


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23 de noviembre de 2017

NO TE TENGO TIEMPO

No te 
tengo tiempo
de escribirte
lo de hoy.


Jag.
23_11_17


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Este texto se escribió como presentación en FB de otra entrada del blog: "YO SÉ MÁS COSAS". 

Pueden acceder a esa entrada en el link:

TAN SÓLO


No sé
para qué sirvo.
No encuentro
qué darme.
Alguna vez caigo
de pronto
en que te pienso,
y sin querer
me pongo a sentir
que para ti para mí
no todo está perdido.
Jag.

22_11_17


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20 de noviembre de 2017

SE VAN BATIENDO

En principio, yo quería hacer un texto acerca de cómo en diferentes fases de la vida, tenía diferentes formas y ritmos de escritura. Quería decir que, a medida que se iban sucediendo esos cambios vitales, cada forma de escribir (también de pintar y etcétera) se iba quedando obsoleta, y me aburría y enervaba hasta que daba con el grado y lugar del cambio que había de sobrevenir. Quería decir que también me ha pasado al revés: lo que hago pierde sentido, me pide un cambio, pero no sólo a nivel "qué hago", sino a nivel "quién soy", y ese malestar ha sido una señal para que me plantee cambios a nivel vital.

Esa era la idea que quería expresar, la dicha y desazón de que lo que hago y quien soy están tan íntimamente conectados. Pero luego me puse a escribirlo y el tema se me ha ido de las manos, como siempre, y como siempre me han saltado los mismos tics baratos de siempre y tal. (Un conocido de Barna, decía con verde sorna que yo iba a acabar escribiendo para Psicologies y revistas por el estilo. No le dije nada y le sonreí tipo jejeje, que viene a querer decir: cualquier publicación remunerada, conseguida por mis méritos, es mejor que las que tú vas a conseguir chupándola, que no das para más.) En fin, que allá, en la cumbre, en la colina, quedaron mis ideas primeras, allá mis nobles intenciones, tan perdidas. Me fui por las ramas, perdí el árbol y cambié sin querer de bosque. Por eso ahora, de segunda escritura, pongo esta intro, y voy redactando en parágrafos (dicc), y lo mismo así doy una idea aproximada del infame potaje emocional, léxico-lingüístico, socio-económico-vital de uno que está en mis zapatos, en mi pellejo, en mi pueblo y en mi circunstancia. Lo mismo esto, junto con lo que siga, consigue dar una idea de parte del espíritu de mi época, y no veas qué chachi. Dios qué vergüenza.

La camiseta que le he pintado a Miguelito es un rayito con un resplandor circular. Después de hacerla he pensado que es un relámpago que al mismo tiempo es un reloj. Es como volver al Zen. Anda que.

Antes, cuando vivía solo y no sabía que en realidad vivía en multitud, una mujer decía cuando yo no estaba delante:

mi Jose,

y eso algunas veces me ponía mágico, y otras veces furioso. Porque vaya honor y vaya responsabilidad y vaya manera de vivir empeñados en la equivocación y con la pata metía. También me decía:

yo es que en mi casa no puedo dormir.

Era una cosa tierna en sus ideales de entonces, y era una de las mejores conversaciones de su época. Hemos mantenido ese afecto de muchas maneras hasta prácticamente hoy, pero muchas cosas han cambiado irremediablemente. Se me ha acabado poniendo entre galla y paternalista-condescendiente, y no suelo tener mucho aguante con la gente que siente que vive precedida por una banda sonora y va por ahí repartiendo magnanimidad y perdonando la vida. Así que prácticamente ayer me quedé con las ganas de dejarle dicho que, entre ella y yo, el tren que se toma o se pierde, soy yo.

Me encantaba y marcó mi vida con muchas cosas, pero nunca le escribí nada.

Más o menos en ese mismo antes, pero en distinta circunstancia, otra mujer me decía:

yo no sé cómo lo haces, que cada vez que vienes de vacaciones me baja la regla.

Un día me dio un piquito disfrazada de alienígena o algo por el estilo, aunque alguien, acto seguido, tiró de mí y me metió en un conga, y todo se acabó saliendo de madre, y acabamos unos cuantos, paulatinamente cada vez menos, bebiendo gintonics en un escalón de piedra labrada en cantería. Por lo que sea, esa mujer se llegó a tranquilizar conmigo en su momento, y corrigió a tiempo de tomar la vereda correcta, de la mano de un jipi con herencia.

No le escribí nada.

En ese mismo antes, alguna mujer me decía

que mira cómo me has puesto de vino los pantalones, que vamos corriendo a tu casa, que eres una calamidad.

Y yo, bueno, pues me quedaba un poco así, y al final todo se arreglaba sin debates ni epopeyas, hasta que alguna de ellas decía:

-Yo es que lo que quiero hacer es ayudarte, o

-Yo es que sólo quería saber qué querías decirme cuando tú y yo no nos entendíamos nada de nada.

Y claro que teníamos nuestro dulce corazoncito, pero venían tormentas de contigo estoy perdiendo quién soy, y todo era una turbulencia de ácida sangre caliente rezumando de los huesos hacia fuera, y una especie de locura eléctrica que degeneraba en zumbido, hasta que llegamos a la frase

"es que somos una mala pareja".

Y esa frase era como un espacio amplio en mitad de la llanura, con la hierba limpia y aburrida, sobre la que se derramaban implacablemente columnas de luz del sol que se colaban entre los nubarrones. Y se acababan las razones y las persecuciones. Como mano de santo, pero dando una hostia, y un dolor indescriptible y callado se posaba sobre todo, como el polvo de una explosión de harina. No éramos buena pareja, y ahí la emoción se quedó sin agenda, y se agotó la épica. Y cuando no tienes épica, pues de esa no te salvan ni Ovidio, ni Stendhal, ni Fromm. Textos como para Psicologies, y la verdad es que NO.

Yo ya me sospecho que probablemente he ido viviendo la vida sin enterarme de nada, tan cómodo, parece, en mi modo soñámbulo. La verdad es que cuando he tenido el mínimo interés en meter el dedo en el desconchón, todo ha sido poco más que entender que todo es una tramoya imbécil, que sirve para que nuestra imbecilidad propia se sienta a gusto. Yo qué sé. Quizá es que también salí escopeteao de mis ínfulas de investigador académico, y aterricé de boca en el llano.

Eran tiempos de rayos fugaces de luz y nubes en la mente. Algunas veces, las visitas decían, no veas qué bochorno en tu casa en verano, y yo decía, sí sí. Otras veces, las visitas decían, no veas qué humedad y qué frío en tu casa en invierno, y yo decía, sí sí. Pero mi casa estaba llena de alumnos y estrellas. Yo era el mismo bobalicón inadaptado de siempre, pero siempre había vodka bueno del supersol, morcilla de cebolla, atrezzos divertidos, herramientas excitantes, libros fabulosos y chocolate por todas partes, hasta por el suelo.

Ya todo eso pasó. Eran los tiempos como del spleen (Dict) del pueblo. Hice cinco libros, y tenía una vida social sin saberlo. Escribía cosas cortísimas y contenidas, basadas en alguna descabellada idea del ingenio que tenía entonces. La cosa es que aunque se me agotaron, esos textos me resultaron reveladores con el paso de las lecturas. Y aunque en su antes me funcionaron como catarsis, en el antes posterior, se me aparecieron con un alma y un cuerpo y una utilidad que no les conocía. Y a pesar de ello, esos tiempos pasaron y dejé de escribir así.

A ese tiempo le siguió un tiempo de dolor por la gente y desesperanza por lo que yo podía ofrecer al mundo. Estaba cansado y dolido, pero tuve fuerzas de iniciativa, más que de reacción, para evaluar el desastre e intentar poner nuevas bases en mi vida.

Hice lo que creí. Y con un poco de avanzar en la decisión, vi que escribía acerca de una especie de resplandecer que yo me notaba por dentro del pecho. Era el tiempo de la conciencia de conquistar mi forma de ser. Era el tiempo de la conciencia de que la vida es creación de cada una y cada uno, y que el trabajo verdadero es decidir y proveer los ingredientes, cocinarlos y hacerlos más o menos alimenticios y efectivos para vivir. Y escribía sobre eso, con todas las fallas que eso conllevaba, al mismo tiempo que lo vivía. Lo escribía llevando el peso de toda la soledad y mala comprensión, con toda la negra obstinación y cerrazón, mía y de los demás, que eso conllevaba. Decidir por mí mismo. Escribí sobre eso, y eso vivió en mí, y sobre mí, aplastándome tantas veces. Escribí y supe algo parecido a que precisarlo, consignarlo en papel, era una manera de traerlo a la realidad. Una manera de hacerlo. Como decir con todas las letras que decir el juego ya es jugarlo. Todo era luz y orgullo, en algunos momentos. Todo era una frívola, ingenua y patética nobleza, en algunos momentos. Todo era maravilloso y frágil, en algunos momentos. Como la canción de los castillos en el aire, de Alberto Cortez. La luz te ciega, a pesar de que todo se ve mejor. El orgullo te separa de los demás, porque encuentras lo tuyo y estás solo. Siempre hay un dolor oculto, cuando ganas en algo. Todo lo que se decide de verdad, es radical, y por tanto, oscuro para los demás, y de una independencia que les deja la impresión de su prescindibilidad. Lo oscuro no atrae, y genera sospechas lo que funciona en completa autonomía. La gente, el colectivo, no está por acercarse y comprender. Todo era emocionante, pero lo emocional es un estricto territorio personal: sugiere la soledad a quien mira, y subraya la soledad de quien lo siente. Supe a mi torpe manera que vivir con los demás siempre ha sido el juego, la comedia, la tragedia de intentar explicar a toda la gente, con razonamientos, con casi demostraciones, lo que siente cada quién en la oscuridad impenetrable de su solitario corazón. Y eso no es sólo una horrible batalla perdida, no, es una desastrosa guerra sin sentido que no debía haber tenido lugar. Lo que ocurre en cada corazón es el funcionamiento autónomo de un universo que no cabe en la torpeza de las palabras. La Historia en un invento. La Filosofía es un devaneo. La Poesía es una caída elegante. Que el corazón quiera salir de sí, alumbrando con su pobre candil la oscuridad de fuera, es la aspiración más legítima para no morir asfixiados, pero está condenada al fracaso. Un corazón nunca reconocerá plenamente a otro, porque cada cual vive ensimismado. Y sólo verá enfrente los colores y olores que ya lleva. Las personas, una a una, seguimos siendo gente. Y estamos atrapados en la paradoja de querer dar vida a nuestra unicidad sin que deje de aceptarnos el resto del mundo. Seguimos siendo gente, las personas: queremos cosas que puedan compartirse, que sean accesibles a todos, y que puedan hablarse livianamente, para que no haya escollos, y seamos aceptados, y que nos sintamos acogidos, acompañados. Amados. En realidad, nadie está preparado para que nadie intente ir un poco más allá de esa liviandad, más allá de esa cerca en la que estamos amalgamados y nos sentimos a salvo. Como Ícaro volando hacia el sol, todo el mundo espera secreta o abiertamente que la lógica derrita sus alas, porque nadie está preparado para que alguien esté anotando resultados satisfactorios traídos del más allá de las narices del común de la gente. La alegría, los momentos conseguidos de felicidad puntual, si no son plenamente compartidos, ya se encarga nuestra educación, nuestra ley, nuestra cultura, de llamarlos locura, o envanecimiento, o psicosis, o extravagancia, rareza o ridículo. Lo que consigas solo, si te lo guardas, lo vives solo, pero si lo compartes, estarás a un paso de despertar los abatimientos del orgullo de quien se limitó a escucharte y nunca hizo nada, despertará el recelo y la mal disimulada mala conciencia por haber montado su vida con lo que encontró a mano sin cuestionar nada.

El paraíso sólo puede ser una promesa, porque nadie está dispuesto a volar y dejarlo todo.

Si lo compartes, también te quedas solo. Yo fracasé en esa excursión. La gente no quiere los souvenirs que dejan claro que sólo tú fuiste a por ellos. No quieren que les pidas compañía en tu viaje en busca de la autenticidad. No quieren exploraciones por la intensidad. No quieren indagar por la vida pura. Quieren formas que funcionen. No quieren que les animes ni les digas que es posible. Dejemos a los locos las cosas del fracaso. Dejemos a los fracasados las cosas de los locos. Vamos todos a normalizar una alegría comunal, y que se quemen de aire puro los exploradores de lo remoto. Que se pierdan solos en la posibilidades del abismo.

Parece que para mí todo eso es ya antes. Parece que se me pasaron los ímpetus para emprender cosas nuevas y hacerlas brillar. Y porque vengo a seguir escribiendo eso mismo, a mí me parece algo así como que me he quedado sin fuerzas para salir a buscar la luz de mis fuerzas. No sé, después de tanto antes, me miro ahora y parece que mi excursión se limita a verme a mí mismo en aquella belleza que me elevó y que no entendía.

También las miro a ellas, en aquellos antes y en este mismo ahora. Y no puedo dejar de seguir enamorado. Y sé que es patético e insufrible, porque estar enamorado es entregarse a la fugacidad e intentar construir edificios en la inconstancia. Es confiar en el brillo de una llamita en esta vida de inclemente ventolera. Es escribir tu vida en una raya en el agua. Es un rajón mínimo en la piel, que dibuja un largo hilo azaroso de sangre en el suelo nevado que se derrite. Pero sigo enamorado, y es como si no pudiera cerrarle las puertas a mis entrañas de animal que exprimirá sus instintos por trascenderse, por dejar dicho a todos los vientos que he ido y he vuelto, y que sólo quiero descansar las heridas para irme otra vez. Porque estoy persiguiendo el aroma de algo valioso que es para todo el mundo. Volveré a irme para volver y traerlo. Aunque nadie lo quiera. Aunque nadie lo comprenda y sonría de medio lado, dando a entender que entienden una palabra mínima de la épica trágica que estoy redactando, atravesando amores que son y que no son, sembrando de alegres mojones el camino, para venir a decir que voy y vengo derrotado, que en ese ir y volver, casi siempre y nunca soy el mismo, y que me duele perder y desperdiciarme, y que me voy gastando, como todos mis vecinos, pero voy siguiendo la certeza de la evanescente promesa de un perfume, y me he echado a conocer lo que no conozco, y fui y volví, y apenas traigo recuerdos de cosas que no quiere la gente, apenas unas letras que de tan cercanas y necesarias se ven desenfocadas, apenas unos brillos lejanos que parecen de chatarra, apenas tan sólo la alegría secreta de que después de un antes que sucedió a otro antes, seguí dando todo lo que tenía por alimentar al amor despiadado y sin mesura.

No hay descanso en intentar saber cualquier cosa de ese país fascinante e inexplorado que habita en cada uno de nosotros, y cuya puerta está dentro de mí.

Vuelvo, pues, desde mi caos a este texto perdido y enrevesado que nadie ha pedido. Vuelvo para volver a irme, para seguir diciendo que hay jardines imposibles allá a lo lejos, en los que mis tripas dieron todo lo que yo ya no tenía, que los restos de mi sangre reseca que orlan esos caminos no quieren quedarse en que fracasé y me caí de boca. Quieren decir que, en un vuelo breve, eso que yo llamé amor me elevó, y para quien quiera ir a probarlo, allí quedó la marca escrita de que, tan dichoso y tan dolorido, yo estuve allí.

Jag.
21_11_17


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