30 de septiembre de 2011

TÚ, QUE VALES TANTO.


No entiendo cómo tú, que vales tanto a mis ojos, te obstinas entre zafios, burdos y artistas de la pose, todos esos que pretendidamente odias o rechazas. Y tanto siento viéndote tirar al barro el corazón, echando el día entero en el camino del tonto al hijoputa. Y con ello, sin querer propicias que me sienta más solo, si cabe, en mi pequeña parcela de intenciones honestas, pese a quien pese, incluso a mí mismo. Y el castillo que levanto, de arena imponente, amor marmóreo, tacto suave paladar consistente y delicado efluvio, ese amor que va creciendo con el alimento que le doy de mi boca, ese amor que es mi sol y mi sombra, mi montaña nevada, mi abismo acogedor, ese amor con el que trenzamos en un tiempo nuestra paz y nuestro abrigo, ese amor, querida, por tu debilidad o descuido, ahora tiene que verse solo. Y todo porque tú desperdicias tu aliento en sabores de un mundo extraño y en esfuerzos baldíos que en tu fina inteligencia, a mi entender, no debían hacer señorío.


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1 comentario:

  1. José Antonio, es una carta preciosa, y digo carta porque todavía soy de la vieja escuela. Realmente eres un creador de imágenes al que admiro; desnudas tus sentimientos y los ofreces de una forma cruda y sensual, con un punto de amargura, reprochando lo inevitable y respetándolo al mismo tiempo. Un amor.

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